La ruta del té: viaje a Marruecos

A través de este relato te invito a descubrir la cultura del té en Marruecos, “el imperio de los sentidos”

 

LA RUTA DEL TÉ: VIAJE A MARRUECOS

by Victoria Bisogno

Durante muchos años tuve el deseo de visitar Marruecos. Este país, ubicado en el norte de África, en la franja lindera con el mediterráneo llamada el Magreb, es conocido como “el imperio de los sentidos” por la variedad de colores, aromas y sabores que ofrece.

LA CULTURA DEL TÉ EN MARRUECOS

Lo que me llevó a conocer Marruecos fueron mis tres mayores pasiones: 1) el té, 2) el desierto 3) las rosas. Quienes me conocen saben que tengo un profundo amor por el té, una mística admiración por el desierto, una enamorada adoración por las rosas, y una locura imparable por su aroma, pero además Marruecos es uno de los países del Norte de África con mayor cultura al rededor del té.

Así es que planifiqué un viaje por el sur del país, para visitar las antiguas Kasbahs o alcazabas (fortificaciones construidas con barro y piedras), las montañas del Atlas, que atraviesan Marruecos de oeste a este, oasis de palmeras en medio del desierto, y por supuesto, el valle de las rosas. Me interesaba conocer a los bereberes, los pobladores originarios del norte de África y sus costumbres en torno al té.

LOS MERCADOS: UN ENJAMBRE DE COLORES, OLORES Y SABORES

El viaje comenzó en Marrakech, una ciudad muy antigua ubicada al sudoeste de Marruecos. Marrakech es una urbe muy viva, con mercados a donde comprar desde alfombras, esencias de flores y perfumes, hasta té y especias. Está amurallada y posee en su centro una gran plaza, la Plaza Jemaa el Fna. Todas las noches en esta plaza se arma un gran mercado de comida callejera, músicos y domadores de serpientes. En los bares que rodean la plaza, como el Café de France, se pude tomar un riquísimo té marroquí (también conocido como té moruno) mientras disfrutas del bullicio y de la gente.

Marrakech me cautivó por la diversidad de su gastronomía y los mercados especializados en diferentes productos (claramente pasé gran parte de mi tiempo oliendo especias, esencias de flores, inciensos e infusiones). Es un país con mucha influencia del turismo que recibe, por lo que, a pesar de que su lengua es el árabe, es posible intercambiar algunas palabras en español y otras lenguas latinas con los comerciantes.

El viaje continuó hacia el desierto. Soñaba con conocer este extremo occidental del Sahara, ya que años atrás había tenido la suerte de estar en su parte central en Tunisia. En el camino atravesamos aldeas pequeñas pobladas por bereberes, personas de piel oscura y ojos verdes que se ven como faroles cuando cae el sol. Es gente super amable y siempre te convidan té. En varios lugares pasamos horas tomando té y charlando en lo que podíamos (un poco de francés, un poco de español, apenas de inglés, y dos o tres palabras en árabe). El té me acompañó cada día, en compañía de nuevos amigos, en mis ratos de descanso, así como en las comidas.

Camino al desierto pasamos por Ouarzazat, Zagora, Erfoud y Merzouga, conocida como la puerta del desierto. Merzouga es un pequeño pueblo en el Sahara, a donde comienza una gran extensión de dunas de arena (las típicas del desierto, las que adoro acariciar).

TOMAR EL TÉ EN EL DESIERTO

En el desierto la experiencia de tomar el té me resultó mágica. Es por eso que al regreso, diseñé el blend “Magia del Desierto” inspirado en ese momento inolvidable para mí. Nos sentamos en el suelo dentro de una tienda de campaña conocida como jaima, en círculo con Martín que viajaba conmigo y los guías que nos acompañaban. El dueño de la jaima preparó el té estilo marroquí con la mayor gracia. Luego de varias horas meditando en el desierto, un vaso de té caliente fue realmente alimento para mi cuerpo y para mi espíritu.

Si quieres saber más sobre la ceremonia del té marroquí te invito a leer el siguiente post.

De regreso a Marrakech, decidimos tomar el camino que lleva al Valle de las Rosas. Kelaa M´gouna es un pueblo dedicado al cultivo y destilación de la Rosa de Damasco. Se cree que la rosa damascena fue llevada a Kelaa M´gouna por los franceses en el año 1938, y desde entonces el lugar está rodeado de plantaciones de rosas y destilerías que producen exquisitas esencias para su uso en perfumes.

Todavía conservo, como un tesoro, la esencia de rosas que traje de Kelaa M´gouna, pero además de estos pequeños objetos de recuerdo (como el aceite de argán, o las especias) traigo impregnados en mi mente los olores de las flores, de la menta fresca, del comino y la harissa, del cous-cous, de la tierra seca y de las jiamas con el fuego y el desierto. Olores a Marruecos que nunca voy a olvidar.

#LaCulturaDelTe

VIDEO: VIAJE A MARRUECOS

 

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